La captura del dictador venezolano Nicolás Maduro —quien durante más de una década, según reportes de inteligencia, apadrinó a la guerrilla del Eln y, en su momento, a las extintas Farc, resguardándolas tras la frontera— marcó un punto de quiebre en la relación del régimen con los grupos armados colombianos.Las repercusiones de este reacomodo ya comienzan a reflejarse en la dinámica interna colombiana. En recientes declaraciones, el presidente Gustavo Petro elevó el tono frente a esa guerrilla, un giro discursivo que derivó incluso en un entendimiento con su homólogo estadounidense, Donald Trump, para avanzar en “acciones conjuntas” orientadas a golpear y debilitar a los elenos, que habían asentado sus bases en Venezuela, principalmente en el estado de Zulia. Los mensajes, no obstante, dejaron por fuera del foco a la ‘Segunda Marquetalia’ –presunto autor del magnicidio del precandidato presidencial Miguel Uribe– y cuyo máximo jefe, ‘Iván Márquez’, estaría radicado en Caracas.Al menos 10 campamentos han sido detectados en Zulia. Foto:CortesíaA este panorama se suma la variable migratoria, que vuelve a posicionarse como un factor clave dentro de la dinámica binacional. El Gobierno, ante un eventual deterioro del orden interno en Venezuela, desplegó más de 30.000 uniformados a lo largo del límite nororiental y activó cinco puestos de mando unificado como parte del esquema de seguimiento, control y coordinación interinstitucional previsto para este tipo de escenarios.Este pie de fuerza es clave ante el posible movimiento de los grupos delincuenciales colombianos, históricamente radicados en Venezuela, tras el relevo de mando del régimen chavista y la creciente influencia de Washington en operaciones militares contra los carteles.El posible reacomodo de estas estructuras en áreas fronterizas, el control territorial que podrían intentar consolidar en Catatumbo y Arauca, y las implicaciones que ello tendría en los procesos electorales que se avecinan aparecen como variables de alta sensibilidad dentro del análisis de seguridad regional.Frontera entre Venezuela y Colombia. Foto:Andrés Carvajal.Como medida desesperada a los anuncios de Petro, en la noche del jueves, Néstor Gregorio Vera Fernández, conocido como ‘Iván Mordisco’ y jefe de un ala de las disidencias de las Farc, llamó a la “unidad en la acción” armada y criminal. En su mensaje instó al Eln, al Epl, a la ‘Coordinadora Nacional del Ejército Bolivariano’ y a la ‘Segunda Marquetalia’ a “dejar las diferencias a un lado” y avanzar en una coordinación conjunta.Como respuesta, el primer mandatario afirmó que “la alianza” planteada por ‘Mordisco’ “no defiende a Venezuela, ni a Colombia ni a América Latina”, y puso sobre la mesa la preocupación expresada por distintos sectores al advertir que el objetivo de estas estructuras sería “sabotear los comicios e impedir la libertad electoral”.Mordisco Foto:MordiscoEl poder del ElnCon la salida de Maduro del tablero político, el Eln aparece como uno de los grupos armados más expuestos al otro lado de la frontera. La organización, según informes de inteligencia, mantiene un pie de fuerza en territorio venezolano, calculado en más de 1.300 hombres, además del control de economías ilegales que le han permitido conservar capacidad operativa, autonomía financiera y dominio territorial, incluso en un escenario de transición política en el país vecino.Informes conocidos por EL TIEMPO, que incluyen el propio indictment contra Maduro, dan cuenta de que durante más de una década la frontera dejó de cumplir una función geográfica para convertirse en un espacio integrado de movilidad armada. En estados como Zulia, Táchira, Apure, Amazonas y Bolívar —en especial en el arco minero—, estas organizaciones, bajo la complicidad del régimen, desarrollaron una infraestructura que combina campamentos permanentes, corredores fluviales, rutas terrestres secundarias y pistas ilegales.Una de las pistas en Zulia. Foto:Tomada de Google MapsEste entramado facilitó el tránsito constante de combatientes, armas y recursos, así como la ejecución de acciones armadas en Colombia con retorno inmediato a territorio venezolano para evadir la ofensiva de la Fuerza Pública.Mapas en poder de agencias de inteligencia extranjeras, conocidos por autoridades colombianas, exponen al menos 10 áreas utilizadas como bases campamentarias del Eln en el estado Zulia. A ello se suma la existencia de pistas no controladas, con longitudes que oscilan entre los 1.300 y los 2.300 metros, ubicadas en corredores que conectan con la Serranía del Perijá y la región del Catatumbo, lo que le ha permitido a esta guerrilla el sostenimiento de sus rentas criminales.Nicolás Maduro tras su captura en Caracas.  Foto:CortesíaLos escenariosLa permanencia del Eln, pero también de las disidencias de las Farc en territorio venezolano no se explica únicamente por el narcotráfico. En los últimos años, la minería ilegal adquirió un peso central dentro de su estructura financiera, convirtiéndose en una fuente clave de recursos y en un factor determinante para el control territorial en zonas de débil presencia estatal.La remoción de la figura central del régimen venezolano podría derivar en vacíos de control en amplias zonas fronterizas, lo que implicaría la salida de los grupos armados de su retaguardia estratégica, presionados además por eventuales acciones en cooperación con EE. UU. que se desplegarían en estos territorios. Fuentes internacionales le sostuvieron a este diario que, tal como lo advirtió el presidente Donald Trump, no se descartan operaciones en tierra contra campamentos y laboratorios para minar el poder criminal que acumularon las guerrillas bajo la falda del chavismo.Expertos consultados advierten que la respuesta de estos grupos no se limitaría a acciones armadas directas. También podría manifestarse a través del control de la movilidad, la presión sobre liderazgos comunitarios y la alteración de dinámicas locales, con efectos directos sobre la participación política en regiones históricamente afectadas por la presencia armada para mantener áreas de control, como las tenían (y mantienen hasta ahora) en el país vecino. Este riesgo ya había sido advertido por la Defensoría del Pueblo y por la Misión de Observación Electoral (MOE).Donald Trump durante la operación que dio con la captura de Maduro. Foto:AFP“La capacidad de los grupos armados para cruzar la frontera y replegarse en distintos departamentos fronterizos añade una complejidad adicional a las estrategias de seguridad electoral, al exigir una coordinación permanente entre autoridades civiles, Fuerza Pública y organismos electorales para garantizar condiciones mínimas de transparencia y participación en las zonas más expuestas”, señaló uno de los expertos.La alerta sobre la posible incidencia de actores armados en los procesos electorales cobra mayor relevancia cuando la ‘Segunda Marquetalia’ es señalada como determinadora del magnicidio del precandidato Miguel Uribe Turbay y, según fuentes de la investigación, no se descarta una connivencia con otra disidencia.Otro de los efectos previstos es un repliegue más amplio de estructuras armadas hacia territorio colombiano. “Un retorno de unidades armadas supondría presión directa sobre municipios fronterizos. En departamentos como Norte de Santander, Arauca, Cesar y La Guajira, ese desplazamiento podría traducirse en disputas territoriales, reacomodo de economías ilegales y afectaciones a comunidades que ya conviven con presencia armada”, explicó Duván Castañeda, consultor en temas de seguridad, quien añadió que este escenario podría agudizar la crisis humanitaria registrada en varias de esas zonas.Grupos armados en Colombia. Foto:ArchivoEntre las proyecciones de la Fuerza Pública surge otro escenario denominado como un “periodo de reacomodo regional”, que podría venir acompañado de demostraciones de fuerza. En este caso, los efectos serían la reactivación de frentes urbanos y células en ciudades donde el Eln tuvo presencia en el pasado.“Se podría esperar una presión sostenida hacia Colombia, lo que implicaría bajar el perfil en Venezuela, mientras estos grupos incrementan acciones en zonas como Catatumbo y Arauca para negociar desde una posición de fuerza”, señaló el experto en seguridad Luis Eduardo Saavedra.Desde una lectura institucional, el exministro de Justicia Andrés González señaló que todo lo que ocurre en Venezuela se percibe como un escenario que modifica la ecuación que sostuvo al Eln durante años. “Esto abre unos nuevos horizontes fundamentales para la paz, en la medida en que se pierde todo el apoyo que en los últimos años ha tenido el Eln en la frontera colombo-venezolana, y abre el principio del fin de la guerrilla desde el punto de vista militar que se pueda hacer desde Colombia”. LEA TAMBIÉN La evolución de estos escenarios estarán condicionados por la coordinación entre Colombia, Estados Unidos y Venezuela en materia de seguridad y diplomacia, así como por la estabilidad política en el país vecino y la consolidación de un liderazgo con voluntad de mantener la ‘mano dura’ contra estos grupos, uno de los eslabones más importantes en la cadena del narcotráfico.Redacción JusticiaJusticia@eltiempo.comMás noticias de Justicia:

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