El Reino Unido se ha sumado a Francia al rechazar, al menos en un principio, la invitación de Donald Trump a incorporarse a la Junta de Paz diseñada para Gaza por el presidente estadounidense. La invitación a la Rusia de Vladímir Putin y a la Bielorrusia del dictador Aleksandr Lukashenko, que todavía no han confirmado si aceptan la propuesta, ha desatado la alarma en Londres.La ministra británica de Exteriores, Yvette Cooper, presente en Davos para asistir al Foro Económico Mundial, ha dicho a la BBC que no participará este jueves en la ceremonia formal que Washington ha organizado en la ciudad suiza, aprovechando la presencia de Trump, para sellar la creación de la junta. “Hoy no seremos uno de los signatarios, porque se trata de un tratado [internacional] legal que todavía suscita cuestiones muy amplias”, ha explicado Cooper.El plan de paz auspiciado por la Administración Trump deja, según sus críticos, muchos flecos sueltos. Más allá del resultado concreto, aunque todavía incompleto, de imponer un alto el fuego, el texto no hace referencia alguna a un futuro territorio palestino, y algunas de las funciones asignadas a la Junta de Paz interfieren claramente con el mandato y las competencias de la ONU.“Y también tenemos serias preocupaciones ante la posible participación del presidente Putin en un proyecto de paz, cuando todavía no hemos visto señales claras por su parte de comprometerse con la paz en Ucrania”, ha enfatizado Cooper a la emisora pública británica.Como en todo lo que concierne a Trump, el Gobierno británico intenta preservar un delicado equilibrio, con el propósito de proteger su relación especial con Washington. El Reino Unido respalda firmemente el plan de paz de 20 puntos para Gaza diseñado por la Casa Blanca, ha dicho Cooper, y “por eso también hemos dejado claro que queremos participar en la implementación de la segunda fase del proceso de paz en Gaza”, ha recalcado la ministra británica.Por lo menos 60 países, España incluida, han recibido una invitación de la Administración Trump para incorporarse a la Junta de Paz, que carece de competencias reales y se limitará a supervisar la segunda fase del plan. La presidencia del organismo recaerá “de manera indefinida” en el propio presidente estadounidense, que ha incorporado en el comité ejecutivo −que sí dispondrá de poder efectivo− a su yerno, Jared Kushner, al secretario de Estado, Marco Rubio, a su amigo y enviado especial para Oriente Próximo y Rusia, Steve Witkoff, y al ex primer ministro británico, Tony Blair.No hay un listado claro y definitivo de los países que formarán parte de la Junta de Paz. Los que hasta ahora han expresado públicamente que aceptan la invitación son el propio Israel, además de Arabia Saudí, Turquía, Egipto, Jordania, Indonesia, Pakistán y Qatar.A ellos se han sumado los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Albania, Armenia, Azerbaiyán, Hungría, Kazajistán, Marruecos o Vietnam.El Reino Unido y Francia, junto a Eslovenia, han sido de los primeros en desmarcarse de manera expresa, y también Italia se ha mantenido al margen, pero otros como Canadá están todavía considerando su respuesta. El Vaticano confirmó el miércoles que también ha recibido la invitación de la casa Blanca, pero el ambiente es de cierto estupor y frialdad, pues el papa León XIV siempre ha defendido la ONU, el multilateralismo y el derecho internacional. El secretario de Estado y número dos de la Santa Sede, Pietro Parolin, echó balones fuera y simplemente dijo que “es una cuestión que necesita tiempo” y lo van a estudiar. Parolin no dejó de detallar, en todo caso, ante la exigencia de desembolsar mil millones de dólares para ser socio prioritario de la junta, que “no participaríamos desde un punto de vista económico, ni siquiera estaríamos en condiciones de hacerlo”. Hizo estas declaraciones en un acto público, en el que le preguntaron por las críticas de Trump a Europa, y respondió: “Es su punto de vista, ¿qué puedo decir? Basta respetar el derecho internacional (…) Estas tensiones no son sanas, la situación internacional es grave. Sería importante eliminar las tensiones y discutir cuestiones controvertidas sin crear tensión”. Mucho más críticos con la política exterior de Trump han sido tres relevantes obispos estadounidenses muy alineados con el Papa ―Blase Joseph Cupich, de Chicago; Robert McElroy, de Washington; y Joseph William Tobin, de Newark―, que en un insólito documento conjunto han cuestionado “el papel moral de Estados Unidos en la lucha contra el mal en el mundo y en la construcción de una paz justa”. En su opinión, “se reduce a categorías partidistas que fomentan la polarización y políticas destructivas”. También censuran “la diplomacia basada en la fuerza” y muestran preocupación por “la debilidad del multilateralismo”. Citando la situación en Venezuela y Groenlandia, los tres obispos señalan que los últimos acontecimientos “plantean cuestiones fundamentales sobre el uso de la fuerza militar y el significado de la paz”. Concluyen pidiendo “la construcción de una política exterior auténticamente moral para nuestra nación”.La pretensión de Trump de ampliar los poderes de su Junta de Paz y extender su influencia a otras regiones conflictivas del mundo ha puesto en alerta a muchas capitales y a la ONU, que ve en la maniobra un intento poco discreto de vaciar de poder y usurpar las funciones del organismo multilateral más relevante desde la II Guerra Mundial. Su secretario general, António Guterres, ha salido incluso a la defensiva para recordar que Naciones Unidas es “el parlamento de la familia de naciones”.

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