Entre pillos anda el juego, pero, a la hora de la verdad, son dos mundos diferentes: a Corentin Moutet le sobra imaginación, pero termina perdiéndose en ese bosque de picaresca que acierta a interpretar Carlos Alcaraz, finalmente vencedor (6-2, 6-4 y 6-1, en 2h 04m) y también fatigado: “No es fácil jugar contra alguien como él. No sabes qué será lo siguiente. Me he divertido, ojalá volvamos a encontrarnos, pero nunca me habían tirado tantas dejadas…”, sintetiza el español, harto al final de tanto ir y venir. Hasta 50 dejadas le ha lanzado el parisino, tan entretenido como gaseoso. Las burbujas quedan en eso, burbujas.En resumidas cuentas, él, número uno y azote de los zurdos —pleno contra ellos en los grandes, 14 de 14—, progresa hacia los octavos de este Open de Australia en el que de momento ninguno falla ni ofrece fisura. No lo hacen Sinner ni Djokovic, impecables hasta aquí, ni tampoco un Alcaraz que se ha puesto el traje del oficio —no ha precisado más— para sortear la primera semana de la competición y encontrarse con Tommy Paul, límite este para Alejandro Davidovich; cedidos los dos primeros sets (6-1 y 6-1), el malagueño se entrega lesionado. Y a esa hora, en la central, mucho kilometraje. Una prueba de fondo.Más información“Ha habido un punto en el que le he dicho a mi equipo que no iba a correr a por otra más…”, bromea Alcaraz a pie de pista. “Me ha cansado de tanto correr a la red. Ha sido complicado, parecía una competición de dejadas y, sin duda, la ha ganado él”, prosigue el vencedor, que además de la victoria se guarda la comparativa, porque son ya 100 partidos en los grandes escenarios y, caprichosa la casualidad, calca el promedio (87-13) del sueco Björn Borg. Casi nada. Todo temple, el nórdico tan solo compitió una vez en las antípodas (1973), mientras que él afronta su quinto intento y quiere cerrar el círculo. Esta vez, un polvorilla delante.Demasiado tentador, difícil no entrar al trapo: el tenis travieso de Moutet (26 años y 37º del mundo) es un caramelo excesivamente goloso como para reprimir el bocado. Así que, una vez sembrado el terreno, trecho ya de por medio en el primer set, Alcaraz empieza a juguetear y entra en ese tuya y mía pueril que plantea el francés, un trilero disfrazado de tenista. A falta de argumentos más poderosos, al menos nadie podrá decir que se ha aburrido. Su juego no le alcanza para intimidar ni desestabilizar lo necesario a Alcaraz, que de eso de divertirse sabe un rato y contragolpea con toda su envergadura, orden y genialidad. Ok, amigo. Juguemos.Desliz de cuatro juegosEn tiempos de registro único, el salseo que proponen ambos le da vidilla a un partido que, salvo accidente, cortocircuito o intervención de alguna fuerza extraña que lo tuerza todo, se encamina hacia un solo lugar. Esto es, la victoria del español. O no. Sabe Alcaraz que lo tiene en el bolsillo, pero no conviene descuidarse. Primero encarrilarlo, y luego el recreo. Si Moutet enreda, él contraataca: el toque por el exterior de la red no entra por un par de dedos, clava después un remate escultórico en suspensión y luce cilindrada para llegar hasta la pelota y cargar el golpe por debajo de las piernas. Si no es una exhibición, lo parece. Y el personal lo disfruta.Uno y otro demuestran su calidad e inventan. Ya a remolque, entregado el primer parcial y 3-0 abajo en el segundo, Moutet multiplica los trucos. El primer saque de cuchara pilla desprevenido al murciano, pero al segundo intento ya es otra historia; a esas piernas vas a engañarles tú, viene a decir. Guasón, Alcaraz se dispone al siguiente resto dos metros por delante de la línea y, tras la ráfaga, recupera el patrón serio para afianzar la superioridad. El galo parece sentenciado, pero tampoco se debe olvidar que con ese repertorio tan particular y tan heterodoxo ha conseguido hacerse un hueco entre los cuarenta mejor del mundo.Moutet, en otro instante del encuentro.JOEL CARRETT (EFE)Él encuentra sentido a ese caos e intenta arrastrar. “Allez Mo-Mo!”. A sus espaldas queda un variado carrusel de extravagancias, pero viéndole pelotear se detectan detalles técnicos interesantes y constantes cambios de ritmo que ya no resultan nada divertidos. Tiene muñeca, dinamismo e ideas, y, sin saber muy bien cómo ni por qué, el 3-0 se ha transformado en un 3-4. Alcaraz mantiene el tipo, pero el gesto es diferente. Nada de líos, sino a remar y con ganas, no vaya a ser que… En esas logra finalmente el break redentor percutiendo desde el fondo, a las bravas, y escupe con fuerza: “¡Síííííííííí!”. Respira más tranquilo.También lo hacen en su banquillo, donde a su hermano Álvaro se le ve analizar con el técnico Samuel López. Marcha más o menos bien la cosa, dentro de la lógica, pero difícil calibrar en qué punto está ahora mismo el de El Palmar. Firme, pero no absoluto. En su último desfile triunfal, en Nueva York, fue un metrónomo perfecto de inicio a fin. Australia le exige masticarlo, como el eucalipto al koala. Al laborioso estreno del domingo le sucedieron los 78 minutos indigestos del segundo episodio, y en última instancia este triunfo bien gestionado pero salpicado por el desliz, que no borrón, de la segunda manga.En cualquier caso, otros octavos en la cartilla, un centenario en la mochila y, a fin de cuentas, un generoso margen de mejora por delante. Es decir, buenas noticias.

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