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Para llegar al patio de extraditables de la cárcel de máxima seguridad de La Picota, en Bogotá, hay que subir casi 10 pisos desde la planta principal, al costado sur del establecimiento penitenciario. Las escaleras son grises, el olor a humedad es desbordante y la sensación de abandono toma fuerza en cada paso hacia esa dirección.Dos rejas dividen las escaleras del denominado “pabellón 34”, donde se encuentran decenas de internos que están a la espera de que se resuelva su proceso de extradición. La entrada está adornada con una cartelera que plasma las banderas de Venezuela, Estados Unidos, Bolivia, México, Argentina, entre otros.La entrada al pabellón. Foto:Sebastian Cote LozanoSegún le explicaron fuentes al interior del penal a este diario, el patio está conformado por alrededor de cincuenta personas, quienes permanecen en unas 25 celdas de cuatro metros por cuatro metros. En su mayoría son venezolanos, pero también hay italianos, franceses, peruanos, albaneses y colombianos.Interior del pabellón. Foto:Sebastian Cote LozanoLas celdas son amplias y cuentan con tanques de agua. Tienen luz y en los mejores casos extensiones donde conectar celulares y más aparatos electrónicos. Algunos tienen latas de atún, alimentos no perecederos y agua en botella.Redada del Inpec al interior del pabellón. Foto:Sebastian Cote LozanoLa diferencia es abismal con los patios de delincuencia común. Aquí nadie duerme en el piso, ni en hamacas improvisadas a la intemperie. Cada interno tiene su cama o camarote, y vive su proceso de extradición en condiciones óptimas. Las cobijas se ven limpias y las ropas también. Algunos, pareciera, coleccionan tenis de marcas de alto rango.Entre los internos estaba Larry Amaury Álvarez Núñez, alias ‘Larry Changa’, uno de los señalados cofundadores del grupo criminal transnacional ‘Tren de Aragua’, quien fue capturado en una zona rural de Circasia, Quindío, en julio de 2024.Alias Larry Changa. Foto:CortesíaTambién están hombres de entre 40 y 50 años que aseguran ser presos políticos de la dictadura de Venezuela, que estarían en Colombia pagando por falsos delitos de terrorismo y a la espera de definir su situación jurídica.Interno venezolano interpela al ministro de Justicia, Andrés Idárraga. Foto:Sebastian Cote LozanoAdemás, otros internos quienes, en ese espacio poco más grande que una oficina de empleados promedio, están con medida de aseguramiento por delincuencia organizada, narcotráfico y delitos por los que son juzgados en dos o más países.En la mitad del patio hay una cancha de microfútbol, debidamente pintada, con arcos a la altura de toda competencia. Las mesas alrededor de este espacio cuentan con tableros de ajedrez y otros juegos de mesa. Hay mesa para pinpon y otras para recibir las tres comidas del día.Mesa de pinpon. Foto:Sebastian Cote LozanoCancha de microfútbol. Foto:Sebastian Cote LozanoNo es un patio cualquiera. Por aquí han pasado criminales de la talla de Carlos Alonso Agudelo, alias El Calvo, vinculado como narcotraficante del Eln. También Eduardo Cabrera, alias El Cura, exguerrillero del Bloque Sur de las Farc. Por acá pasó Jesús Hugo Verdugo, alias Tánatos, enlace del cartel mexicano de Sinaloa en la región, y Alirio de Jesús Flores, el denominado ‘rey de la heroína’, narcotraficante internacional.El pabellón de extraditables, bajo la custodia de guardia dispuesta a la hora de hacer esta reportería, parece tranquilo. Incluso, permanecen un puñado de adultos mayores quienes, en el ocaso de su vida, visten de saco y camisa. El trato para ellos es, sin duda, diferenciado, pues sobre ellos está la responsabilidad de los compromisos de Colombia en materia de cooperación judicial en el mundo. Aquí, además, entra luz directa del sol.Adulto mayor, preso en el pabellón de extraditables de La Picota. Foto:Sebastian Cote LozanoJhoan Sebastian Cote Lozanojhocot@eltiempo.com@SebasCote95 en XMÁS INFORMACIÓN EN SECCIÓN JUSTICIA
