
Hay algo luminoso en las maneras de Vanesa Aibar (Villanueva del Arzobispo, Jaén, 42 años), cuando baila y también cuando habla. Esa claridad de quien parece no esconder nada. Su primera obra larga, Sierpe, se estrenó en 2019 y desveló el flamenco abierto, contemporáneo, que le importa. También puso sobre la escena unas formas minuciosas y unos brazos de los que se suele hablar. Pero fue en 2023 cuando su nombre empezó a sonar más y recibió premios y proyección, tras ganar con La reina del metal el Premio Max al Mejor Espectáculo de Danza, por el que también quedó finalista en la categoría de mejor intérprete femenina de danza.Su primer trabajo después de aquel triunfo se presenta el próximo sábado en el teatro Central de Sevilla y se titula Aibar/rabiA, un palíndromo con el que juega a poner su apellido frente al espejo y, de paso, su propia danza. En los orígenes del montaje figura un encuentro insólito: el de la bailaora con el científico y cristalógrafo Juan Manuel García-Ruiz, investigador del CSIC, que desarrolla su trabajo sobre el origen de la vida y su relación con las estructuras de los cristales. “Nos conocimos en unas jornadas alrededor de Lorca en la Residencia de Estudiantes. Ni siquiera tenía que ir yo, fue un trabajo que me pasó Belén Maya (también bailaora y reconocido nombre del flamenco) porque ella no podía. Cuando comenzó a hablarme de su investigación sobre cómo las estructuras minerales imitan las formas primitivas de vida, me conectó con la idea de investigar sobre el origen y formas de mi propio movimiento. El mundo de los cristales te habla de formas geométricas que además tienen una periodicidad y una consecuencia en el espacio”, explica a este periódico en una cafetería del centro de Madrid, durante una visita a la capital previa al estreno. Asegura también que su diplomatura en fisioterapia le marca a la hora de bailar. “Porque entiendo el mecanismo interno de un movimiento, los músculos y tendones que ponen en marcha ese gesto”. Algo que se aprecia de manera clara en sus interpretaciones, mezcla de definición y técnica con esa extrañeza que proporcionan los nuevos acercamientos a algo. Para Aibar/rabiA, la coreógrafa ha vuelto a contar con el dramaturgo David Montero y el último Premio Nacional de Danza en la modalidad de creación, Guillermo Weickert, en las labores de asesoría artística y codirección. Los dos formaron parte de la obra anterior. Estará ella sola en el baile junto al músico inglés Frank Moon y la cantaora Gema Caballero. “Es una obra muy poética con un final que creo que va a sorprender”, dice. Vanesa Aibar, en una imagen promocional de su nueva obra.Junta de Andalucía (JUNTA DE ANDALUCÍA)¿Diría que su estrenada maternidad le ha influido a la hora de encontrar nuevos matices en su flamenco? “Completamente. Llegué a bailar La reina del metal embarazada de siete meses cuando pasó por los Teatros del Canal en 2024. Entonces tenía más energía que nunca. No paraba. Y ahora que soy madre, cuando veo grabaciones de los ensayos de esta última obra, a veces hasta me sorprendo al verme. A nivel corporal me están saliendo unas calidades que antes no estaban. He perdido miedos”. En la página web del teatro Central puede leerse esta frase: “El Central tenía una cita pendiente con ella y la cumplimos con el estreno de su nueva propuesta”. Suena a deuda, pero también a confesión. Y desde luego, responde a algo poco habitual, como es ese reconocimiento de lo que pudo hacerse y no se hizo, ya sea en las programaciones de los teatros o en casi cualquier contexto público. “Lo siento un poco así. Llevo 20 años viviendo en Sevilla y va a ser la primera vez que se vea un trabajo mío en esta ciudad. He mostrado piecitas cortas, pero una producción grande, nunca”. Ni siquiera La reina del metal, aclara. “La verdad es que a pesar de ser andaluza, en Sevilla puedes llegar a sentirte como una extranjera dentro del flamenco. No sé si será por eso de que algunos lo sienten como propio de esta ciudad o por la tradición de la Escuela Sevillana. Pero en mis inicios, hasta me hizo dudar de si mi lenguaje era válido. Ahora por supuesto que no”. Sobre las críticas vertidas desde el flamenco más ortodoxo hacia figuras renovadoras como ella, Aibar dice no haberlas sufrido demasiado, “aunque una vez alguien dijo que me había dejado la feminidad en el camerino”. Y que como no suele estar programada en los escaparates sagrados del flamenco, no está muy pendiente. “Para mí, lo importante es sentirme libre y no seguir parámetros porque sí. No siempre es fácil, tenemos una vocecilla que a veces dice ‘anda, con todo lo que sabes hacer y que no lo demuestres’… Liberarte de ella en función de la coherencia con tu proceso de creación, es algo fundamental y que he conseguido”, concluye.
Vanesa Aibar, el encuentro del flamenco con la ciencia | Cultura
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