El Gobierno de Sudáfrica anunció la pasada semana en el Foro Económico de Davos su “salida temporal” del G-20 durante este año tras recibir enormes presiones de Estados Unidos, que acusa a la principal potencia económica africana, de hostigar, asesinar y quitar sus tierras a la población blanca. El Ejecutivo de Pretoria niega estas acusaciones y las atribuye a “informaciones falsas”. El pasado noviembre, el presidente estadounidense, Donald Trump, que este año ejerce la presidencia rotatoria de este grupo intergubernamental, había amenazado con excluir a Sudáfrica del G-20 tras un grave deterioro de las relaciones entre ambos países.En diciembre, tras asumir la presidencia del foro, Estados Unidos decidió no invitar a los representantes sudafricanos a la primera reunión preparatoria de la cumbre que se celebrará a finales de 2026 en Miami, lo que dejaba bien a las claras que las amenazas de Trump iban en serio. De hecho, el presidente estadounidense boicoteó la última cumbre de jefes de Estado del G-20 celebrada en noviembre en Johannesburgo y organizada por Sudáfrica, en su calidad de presidente del grupo durante 2025. Trump aseguró que dicha reunión era “una vergüenza” e invocó el supuesto “genocidio” contra los blancos en ese país.En respuesta, el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, aseguró, en un discurso a la nación, que dichas acusaciones eran falsas y que se trataba de una campaña organizada contra los intereses de Sudáfrica, “debilitando las relaciones” del país con uno de sus aliados “más importantes”. Desde su llegada a la Casa Blanca, Trump ha dado pábulo a la teoría del supuesto “genocidio blanco” que denuncian grupos afrikáners (descendientes de europeos establecidos en Sudáfrica desde el siglo XVII) y que alientan radicales de extrema derecha. Estos argumentan que el Gobierno, dominado por el Congreso Nacional Africano fundado por Nelson Mandela, está detrás de asesinatos cometidos contra blancos, mientras que Pretoria defiende que la inseguridad ciudadana que sufre Sudáfrica afecta a todas las comunidades y grupos étnicos.Líderes mundiales en la reunión del G20 celebrada el 23 de noviembre en Johannesburgo, SudáfricaPer-Anders Pettersson (Getty Images)Las presiones estadounidenses para impedir la participación de Sudáfrica en las reuniones del G-20 comenzaron hace tres meses. Al principio, Ramaphosa se mostró firme y dispuesto a presentar batalla, convencido de que su exclusión no sería posible gracias al apoyo de otros países, como Alemania o China. Sin embargo, la negativa de Washington a firmar la declaración final de la cumbre de Johannesburgo, en la que Sudáfrica logró situar en primer plano la lucha contra el cambio climático y la reforma del sistema financiero internacional para resolver la crisis de deuda de los países del sur global, así como las maniobras para impedir la participación sudafricana en la reunión preparatoria, han cambiado el escenario. Pretoria cede para evitar la confrontación directa con EE UU.Sin embargo, no todo es por el supuesto “genocidio” contra la población blanca. Detrás de la hostilidad de Trump contra Sudáfrica se esconden otras motivaciones. La primera potencia económica africana y país más industrializado del continente se ha convertido en una de las voces más firmes del sur global y gran defensor del multilateralismo. Fue el país que interpuso la denuncia por genocidio contra Israel ante el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU y que solicitó al Tribunal Penal Internacional la adopción de medidas contra los líderes israelíes por crímenes de guerra en Gaza. Además, Sudáfrica mantiene excelentes relaciones con Rusia y China, los tres son fundadores y comparten asiento en el grupo de los BRICS, y, recientemente, barcos iraníes participaron en unas maniobras navales en aguas sudafricanas, algo que ha enfurecido particularmente a EE UU.Con la salida temporal de Sudáfrica hasta 2027, momento en que el Reino Unido asumirá la presidencia rotatoria, el único representante del continente será la Unión Africana, que es miembro de pleno derecho del G-20 desde 2024. En Davos, el ministro sudafricano de Finanzas, Enoch Godongwana, defendió su legado al frente de este organismo durante todo el año pasado y, de paso, envió un mensaje velado a Trump. “Nuestra presidencia brindó una oportunidad cada vez más excepcional para que la cooperación y el diálogo económicos trascendieran los intereses personales, la rivalidad geopolítica y las políticas arriesgadas. Seguiremos actuando como un mediador creíble en cuestiones clave como el alivio de la deuda, la financiación del clima y las infraestructuras, las normas fiscales globales y la reforma de las instituciones multilaterales”, dijo Godongwana mediante un comunicado.

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