António José Seguro, el candidato socialista, será el sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa en la presidencia de Portugal. Con el escrutino al 80%, Seguro contaba con el 64% de los votos, frente al 35% del populista André Ventura. No habría así más sorpresa respecto a lo anticipado en las encuestas realizadas durante la campaña ni a lo ocurrido en la primera vuelta en enero, cuando se enfrentaron 11 candidatos y Seguro venció con el 31% de los votos que el margen de la victoria, mucho más holgada de lo previsto. El triunfo significa también el regreso de un socialista a la jefatura del Estado después de 20 años de políticos del centroderecha (Partido Social Demócrata) como Aníbal Cavaco Silva y Marcelo Rebelo de Sousa. Pero no es una victoria de un partido. Primero porque las candidaturas presidenciales son personales y transversales. Y segundo porque se trata de una victoria personal rotunda de António José Seguro (Penamacor, 63 años), que fue un candidato denostado en un primer momento por destacados representantes del Partido Socialista (PS). El resultado, en cualquier caso, proporciona una sobredosis de optimismo para su organización, que atraviesa el peor momento de su historia. En las últimas elecciones legislativas, el PS fue superado por Chega, el partido de ultraderecha fundado en 2019 por André Ventura (Algueirão-Mem Martins, 43 años), y quedó relegado a la tercera posición en el Parlamento, un hecho insólito en democracia. Uno de los primeros en celebrar el resultado fue el líder del PS, José Luís Carneiro, para destacar que se trata de “la victoria de todos los demócratas” y “los derechos constitucionales”. Carneiro destacó el apoyo plural reunido alrededor de Seguro, que ha ido más allá del campo socialista. Simpatizantes del Partido Socialista reaccionan a los primeros resultados del recuento de votos durante las elecciones presidenciales de Portugal, este domingo en Lisboa.Ana Brigida (AP)Ventura también reaccionó con rapidez para reconocer la victoria de su rival, pero reivindicó como un logro para Chega superar el 30% de los votos a pesar de toda la “unión de todo el sistema contra mi candidatura”.La irrupción de Seguro no fue celebrada en el aparato socialista hace meses, pero su victoria en la primera vuelta el pasado 18 de enero ha hecho que todos cerrasen filas a su alrededor, incluidos críticos del pasado. En su campaña ha prometido lealtad institucional con el Gobierno, en manos de una coalición de centroderecha, pero también exigencia para pedir respuestas eficaces para resolver algunas crisis importantes del país, como la sanitaria y la falta de prevención ante catástrofes, como ocurrió en los incendios del verano y ahora con la tempestad Kristin y sus sucesoras. También anticipó que no promulgaría la reforma laboral, que ha diseñado el Gobierno y que ha sido contestada en la calle con una huelga general por aumentar la precariedad, si no logra un consenso mayor. Vetar leyes es una de las prerrogativas del presidente de la República de Portugal, así como disolver la Asamblea de la República y convocar elecciones anticipadas. Por su perfil conciliador, Seguro ha logrado atraer apoyos a su derecha y a su izquierda, que se han movilizado para cerrar el paso a Ventura, un político procedente del centroderecha que se ha radicalizado para conquistar el poder con un discurso contra inmigrantes, gitanos y corruptos, que engancha a una parte de la población.De partida, el objetivo de Ventura era pasar a la segunda vuelta y presentarse como el nuevo líder natural de la derecha portuguesa, ahora mismo fragmentada entre el PSD, Chega, Iniciativa Liberal y Centro Democrático y Social. Conquistado esa meta el pasado 18 de enero, cuando se convirtió en el segundo más votado con el 23%, su principal propósito en esta ronda, según los analistas, era superar el 31% de los votos, que fue el porcentaje obtenido por la coalición liderada por el primer ministro Luís Montenegro en las elecciones anticipadas de 2025 para evidenciar que puede ser un serio aspirante a sustituirle en el Gobierno en la próxima convocatoria. Los portugueses han votado más que en otras elecciones presidenciales, a pesar de la desolación que recorre una parte del país tras los graves destrozos causados por la sucesión de temporales. Hasta las 16.00 había votado el 45,5%, una cifra similar a la primera vuelta, que se desarrolló en condiciones meteorológicas normales. Para la jornada de este domingo fue necesario alterar la ubicación de 66 colegios electorales y aplazar la votación una semana en tres localidades, donde residen unos 36.000 electores, que se pronunciarán sabiendo ya el veredicto final. Unas 76.000 personas pasaron el domingo sin electricidad ―la mayoría está sin luz desde hace más de una semana― y varios miles están también sin suministro de agua. En algunas zonas aisladas por las crecidas de agua, como Ereira, se garantizó la votación mediante el desplazamiento en zodiac, realizado por militares y bomberos. El temporal, que ha causado 14 muertes y obligado a evacuar a un millar de personas, ha destrozado miles de casas, fábricas y cosechas. El Gobierno ha movilizado un plan de ayudas por valor de 2.500 millones de euros, pero su lentitud inicial a la hora de responder le ha situado en el centro de las críticas de la oposición y de los alcaldes de los municipios afectados. La destrucción impactó de lleno en la campaña electoral y obligó a los dos candidatos a improvisar una agenda adaptada a la nueva realidad. André Ventura promovió campañas de recogida de bienes esenciales y se filmó cargando botellas de agua para los damnificados. António José Seguro visitó varias localidades dañadas sin prensa en los primeros momentos. Ambos candidatos han criticado la falta de previsión y la respuesta inicial del Gobierno, aunque desde un tono diferente. Es la segunda vez en la historia de la democracia portuguesa que se celebra una segunda vuelta para elegir al próximo jefe del Estado. La anterior ocurrió hace cuatro décadas, cuando se enfrentaron el socialista Mário Soares y el conservador Diogo Freitas do Amaral. En aquella ocasión, Soares se impuso por un margen estrecho de 150.000 votos.

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