El mundo vive días de furia. De cuando en cuando, alguien en algún lugar ignora el griterío constante y gana. En Portugal lo ha logrado António José Seguro, un socialista moderado que ha arrasado frente al discurso de rabia y ruptura que representaba el candidato populista André Ventura. Hay muchas victorias en su victoria. La del discurso de la integración (“seré un presidente de todos”) contra el divisivo que ondea en los carteles de Chega (“Los inmigrantes tienen que cumplir la ley”). La de una ideología de centroizquierda que atraviesa las horas más bajas desde que llegó la democracia a Portugal hace medio siglo. La de un hombre solo contra su propio partido. También la victoria de las segundas oportunidades. Él ha resumido su retorno con un mensaje sencillo y directo: “He regresado para unir”.António José Seguro nació hace 63 años en Penamacor, uno de los pueblos más pobres de Portugal, cercano a la Raya. Y allí se refugió cuando abandonó la política en 2014, después de perder unas elecciones primarias abiertas a simpatizantes contra António Costa, actual presidente del Consejo Europeo. La batalla entre Seguro y Costa fue de las más feas del socialismo portugués, equiparable a la pelea barriobajera vivida entre Jorge Sampaio y António Guterres. Abrió una sima en el partido. “Fue un proceso muy duro y él se alejó de forma voluntaria, aunque la mitad de las federaciones le respaldaba”, recuerda Eurico Brilhante Dias, actual presidente del grupo parlamentario socialista y apoyo de Seguro en 2014. Seguro, que fue eurodiputado y ministro, pertenecía a la escuela de Guterres, actual secretario general de la ONU y ex primer ministro de Portugal. Alineados en el centroizquierda, tenían una visión apaciguadora de la política. Cuando el país fue intervenido por las instituciones internacionales y Seguro lideraba el partido, respaldó decisiones drásticas del primer ministro conservador, Pedro Passos Coelho. Muchos socialistas bramaban por aquello y, en privado, le llamaban “Tozero” (jugando con su seudónimo, Tozé), mientras él se justificaba diciendo que se sentía obligado por haber sido un primer ministro socialista, José Sócrates, el que había solicitado el rescate internacional y firmado el memorándum con las exigencias para reflotar la economía. “Para él, el diálogo es una herramienta fundamental en política, por eso tiene muchos amigos de otras fuerzas”, señala Brilhante Dias.Esta es una de las razones que ha facilitado el apoyo explícito a su candidatura desde otros bastiones ideológicos, a derecha e izquierda. A Seguro le han apoyado tanto el expresidente conservador Aníbal Cavaco Silva como el candidato comunista que le disputó la primera vuelta, António Filipe. Pero casi más morbo ha despertado el respaldo de sus rivales internos que el de adversarios ideológicos. “Ahora hay mucho cinismo, pero António Costa le odia desde que eran jóvenes y sus seguidores también”, resume la periodista política de Público, Ana Sá Lopes, que conoció al presidente electo cuando ella era becaria y él lideraba las Juventudes Socialistas en los años noventa. “Los costistas le despreciaban, llegaron a decir que no reunía los requisitos mínimos para ser candidato presidencial”, rememora. Otro mote despectivo de entonces era el de “Naranjito”, por los colores del Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha). “La victoria es mérito de Seguro, que en el pasado fue una voz crítica y los políticos más antisocialistas no lo asocian a los escándalos de los gobiernos de Sócrates”, afirma el periodista Miguel Carvalho, que evoca un polémico titular que le dio durante una entrevista en plena batalla interna por el liderazgo del Partido Socialista (PS): “António Costa representa el PS de los negocios”. El presidente del Consejo Europeo dejó entrever hace días que le votó en esta carrera. “Aunque tenga cicatrices de aquella pelea, no veo a Seguro usando su cargo para vengarse. Es una de las figuras políticas más minusvaloradas de Portugal, probablemente le veamos ganar carisma ahora”, añade Carvalho.Aunque a regañadientes, el PS acabó cerrando filas a su alrededor cuando vio que su antiguo líder estaba determinado a concurrir, con o sin los suyos. Igual que dio un portazo a la vida pública en 2014, que incluyó la renuncia a cobrar 300.000 euros a los que tenía derecho al abandonar el Parlamento, según desveló en el debate televisivo contra André Ventura, ahora estaba decidido a regresar. En estos 12 años de vida privada, ha dado clase como profesor en la Universidad Autónoma de Lisboa y el Instituto Superior de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Lisboa y montó varios negocios de turismo rural y producción de vino en Penamacor, donde a partir de ahora será posible alojarse en las casas gestionadas por la empresa del presidente de la República, salvo que se desvincule de ellas. El asunto es delicado, teniendo en cuenta que el primer Gobierno de Luís Montenegro cayó por un potencial conflicto de intereses debido al mantenimiento de la actividad de la empresa familiar del primer ministro. También su esposa, la farmacéutica Margarida Maldonado Freitas, pretende continuar con su negocio y su vida personal, salvo en puntuales ocasiones en que el protocolo exija su presencia. La pareja tiene dos hijos.Mantenerse pegado a la vida corriente parece que será uno de los rasgos del nuevo jefe del Estado, elegido para los próximos cinco años. Seguro seguirá viviendo en la casa familiar en Caldas da Rainha, a 90 kilómetros de Lisboa, y solo pernoctará en el palacio de Belém, residencia oficial, en ocasiones excepcionales. No será el presidente de los selfies ni del comentario político permanente que distinguió la década de Marcelo Rebelo de Sousa al frente de la República, pero tampoco encaja en el estilo distante e hierático de Cavaco Silva.En esta campaña tan condicionada por la sucesión de temporales, visitó en varias ocasiones las zonas afectadas a solas, sin prensa para recoger el momento. Ha prometido regresar más tarde para comprobar la reconstrucción. “Es muy institucional, hará todo lo que pueda para lograr que la estabilidad prevalezca”, vaticina Ana Sá Lopes. Pero no es un manso, avisa Carvalho: “Puede ser un león entre bastidores, capaz de dar un puñetazo en la mesa sin levantar la voz”.

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