Es una constante histórica. El lazo de unión entre el Reino Unido y el continente europeo siempre corre el riesgo de deshacerse por el lado de Washington. Keir Starmer ha comparecido con urgencia a primera hora de este lunes en Downing Street para intentar lograr la cuadratura del círculo: preservar la “relación especial” del Reino Unido con Estados Unidos, alejarse del enfrentamiento en ciernes entre Washington y Bruselas y convencer al mismo tiempo a sus propios ciudadanos de que sabe mostrarse firme ante el amigo americano. Según las encuestas, la impresión general de los británicos es que Starmer no ha hecho otra cosa en estos meses que plegarse ante cada nueva ocurrencia de Trump.El primer ministro británico ha intentado mostrar firmeza frente a las amenazas anexionistas de Trump sobre Groenlandia —“el estatus futuro de Groenlandia pertenece solo a sus habitantes y al Reino de Dinamarca”, ha dicho—; y ha cargado contra la nueva guerra arancelaria desatada por el presidente estadounidense —“el uso de aranceles contra aliados es una decisión equivocada”, ha repetido—. Pero, a la vez, ha intentado tomar distancia del discurso de represalias contra Washington que cobra fuerza en Bruselas y algunas capitales europeas. “Preferimos soluciones a eslóganes, y no caeremos en comentarios o gestos políticos que dañen al pueblo británico”, ha prometido Starmer.La inclusión del Reino Unido en el listado de países a los que el presidente estadounidense amenaza con nuevos aranceles —por haber enviado tropas a unas maniobras militares en Groenlandia organizadas por Dinamarca― ha sido un mazazo para el Gobierno laborista. De nada han servido los gestos de complicidad entre ambos mandatarios de los últimos meses, o la contención mostrada por el primer ministro ante cada nueva muestra de abuso de poder por parte de Trump.Starmer, por ejemplo, tuvo que hacer contorsionismo político en los días posteriores a la captura de Nicolás Maduro por el ejército estadounidense el pasado 3 de enero. A pesar de sus largos años como abogado especializado en derechos humanos, el jefe del Gobierno británico se resistió a admitir, como le reclamaban muchas voces, que el asalto a Venezuela había vulnerado el Derecho internacional.En defensa del pragmatismoPor primera vez en todo este tiempo, el premier británico se ha visto obligado este lunes a explicar a los ciudadanos la supuesta estrategia que esconde lo que para muchos es simplemente tibieza. “No me sorprende la mala reacción general en todo el Reino Unido [ante las amenazas arancelarias de Trump]porque somos aliados de Estados Unidos, cooperamos con ellos de modo muy cercano. Es una situación muy grave. Pero nuestra tarea es asegurar una posible salida hacia adelante que sea consistente con nuestros principios y valores y con nuestro interés nacional”, ha defendido Starmer.El primer ministro británico ha esquivado en todo momento responder a las preguntas sobre la estrategia de respuesta de la UE, que ha comenzado a preparar un paquete de medidas arancelarias para hacer frente a la amenaza de Washington. Starmer no quiere ni oír hablar de posibles represalias. “No nos interesa una guerra comercial, y mi objetivo principal va a ser que no lleguemos a ese punto (…) Está en el interés nacional del Reino Unido seguir trabajando junto a Estados Unidos, y eso significa tener una buena relación, sin pretender ocultar que las diferencias existen”, ha apuntado.El tratado comercial bilateral firmado entre Washington y Londres en mayo de 2025, el primero en el nuevo mandato de Trump y en medio de la guerra comercial con el mundo que desencadenó el presidente estadounidense, fue exhibido por el Gobierno laborista de Starmer como la evidencia de que su política de apaciguamiento había dado resultados.Pero la Casa Blanca no liberó a Londres del arancel general mínimo del 10% que impuso a todo el mundo, ni fue particularmente generoso con las exportaciones británicas de acero. El Gobierno estadounidense ha sido especialmente duro a la hora de criticar las políticas internas del Reino Unido, y lo ha señalado como ejemplo evidente de la “desaparición de la civilización europea” que la Casa Blanca señaló en su última revisión de la Estrategia de Seguridad Nacional.Starmer, sin embargo, aboga por el “pragmatismo” en su trato con Washington, con el objetivo de mantener abierto el canal de comunicación y buscar soluciones ante cada nuevo exabrupto de Trump.“Siempre habrá personas que, en momentos como el actual, optarán por los gestos, convencidos de que mostarse irritados en las redes sociales o adoptar una actitud grandilocuente pueden reemplazar al trabajo duro. Es comprensible, pero no es eficaz. Puede lograr que los políticos se sientan muy a gusto consigo mismos, pero no tiene utilidad alguna para todos aquellos ciudadanos cuyos empleos, su modo de vida y su seguridad dependen de las relaciones que somos capaces de construir por todo el mundo”, ha defendido el primer ministro británico.

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